Don Perlimplín: notas de dirección

UNA NUEVA TENTATIVA DE LLEVAR A ESCENA LA FARSA DE DON PERLIMPLÍN DE GARCÍA LORCA, CON LA ATMÓSFERA Y EL MUNDO MUSICAL DEL RADIODRAMA DE MADERNA

Para un relato del imaginario

En el marco de un festival de música que aspira a recuperar la trama di numerosos acontecimientos e historias unidas íntimamente a la música, la ‘historia de Don Perlimplín’, que Bruno Maderna compuso e imaginó para la radio, se presenta como una ocasión emblemática y un perenne desafío para cualquiera que desee llevarla una vez más a escena. Su dimensión narrativa es el elemento que prevalece en la versión de Maderna, que juega con disimulada ambigüedad con la evocación imaginativa: la imaginación pues como disposición imprescindible para una recepción acorde a la difusión radiofónica.

Pretendemos pues trasladar a la escena la dimensión narrativa subrayada por Maderna, evocando al mismo tiempo la figura y algunos aspectos del teatro de Lorca. Un narrador, interpretado por Andrea Brugnera, caracterizado al principio como el mismo García Lorca, se irá transformando en una especie de fabulista – de un ideal aedo/lorquiano – que, con los rasgos de una figura de la Commedia dell’Arte, empezará a contar al público la historia de Don Perlimplín y Belisa, transmitiendo sus sentimientos, sus diálogos y el triste epílogo; dejará entrever el lado grotesco, excesivo del protagonista, pero también su hondura anímica y su dimensión trágica. Su relato, desde el primer momento, estará impregnado por un vocabulario que recupera, como cogidos al azar, algunos fragmentos entresacados de El público, Comedia sin título, los prólogos hablados de Los títeres de Cachiporra y el Retablillo de Don Cristóbal, hasta la Canción otoñal, de modo que se sienta intencionadamente al poeta come oculto apuntador, que desde la sombra va poniendo palabra tras palabra en la voz que narra.

La voz del narrador que, a su vez, dejará sentir también las voces de los protagonistas, sus desencuentros y altercados, para terminar conversando con los instrumentos/personaje – la flauta/Perlimplín, el saxofón/suegra – que de esta manera entrarán en la acción teatral junto a la danza y las marionetas. A los títeres dedicó García Lorca numerosos trabajos y su más vivo interés: expresión mágica e ingenua de algunos caracteres íntimamente arraigados en lo popular, como las viñetas de un Aleluya, o como las máscaras de la Commedia dell’Arte italiana. De hecho, Don Perlimplín ha sido representado e interpretado frecuentemente por distintos maestros del teatro de marionetas de la rica tradición hispánica. La danza, porque el vertiginoso sucederse de motivos y sugerencias musicales, que abundan en la partitura di Maderna, nos ha sugerido un enfoque que concede todo el relieve posible a la imaginación, con las ideas y la fantasía de una coreógrafa di danza contemporánea como Susanna Beltrami. En el escenario del teatro Camploy se dispondrá, por un lado, el teatrillo de las marionetas, y en el lado opuesto, el conjunto de cámara con el director, y después, organizados en semicírculo, todos los protagonistas de la representación- solistas, cantante, bailarines, títeres y titiriteros con el narrador en el centro – preparados para ir entrando en escena y dar su aportación a este mágico viaje de la imaginación, en una caleidoscópica sucesión di música, danza y poesía.

Fabio Zannoni

Los momentos de danza centrados en la figura de Belisa pretenden representar el deseo, la fantasía amorosa que desprende el cuerpo de la blanca Belisa, por medio de una danza no plástica, en la que el cuerpo, como si careciera de huesos, se mueve en un espacio líquido, languideciente de deseo, como un flujo que atraviesa el sonido y las palabras de esta partitura,… como viento.

Solo al final el movimiento de la danza se transfigura, incorpora el esqueleto de la conciencia, la geometría de la vida, con sus absurdos acontecimientos y las duras aristas de la realidad.

Susanna Beltrami

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